SEMANA 4 PROYECTO 1
LA ILÌADA
La Ilíada es un poema de género épico que trata el asedio de la ciudad de Troya por los aqueos, para rescatar a Helena, esposa del rey Melando, la cual fue raptada por Paris, príncipe troyano. Después de este hecho, se origina una guerra entre aqueos y troyanos.
PERSONAJES DE LA ILÌADA:
- Aquiles
- Hèctor
- Paris
- Helena
- Menelao
- Agamenòn
- Odiseo
- Potroclo
- Prìamo
Las grandes batallas de la Ilíada son cuatro: la primera ocurre el día veintidós, y ocupa los cantos III-VII (el primero es el planteamiento del poema, mientras en el segundo se pasa revista a los dos ejércitos). Después de la promesa de Zeus a la madre de Aquiles, Tetis, de que Aquiles será vengado con una grave derrota de los aqueos, sería natural que esperáramos esta derrota.
La segunda batalla tiene efecto el día veinticinco (canto octavo). Tampoco en ésta los aqueos son derrotados, pero tampoco resultan vencedores; y tanto persiste y se acentúa la preocupación de la derrota, que el mismo Agamenón propone enviar una embajada a Aquiles, con presentes, excusas y promesas, para que desista de su ira y vuelva a la lucha. La embajada llena el bellísimo canto noveno.
La verdadera y estrepitosa derrota tiene lugar en la tercera batalla, el día 26, que ocupa una tercera parte de la totalidad del poema, desde el canto XI al XVIII. Empezando por Agamenón, todos los mejores guerreros aqueos dan grandes pruebas de valor; pero tanto Agamenón como Ulises y Diomedes son heridos. El héroe troyano Héctor (hijo de Príamo, el rey de Troya) ha hundido las puertas del muro defensivo; detrás de él se arrojan furiosos los troyanos, salvan el foso y llegan junto a las naves de los aqueos; en éstas, saltando de una a otra, enorme, férreo, detrás de la protección de su invencible escudo, Áyax intenta rechazar el asalto. Pero ni Áyax lo logra. La nave de Protesilao es incendiada
la cuarta y última batalla, en el día 27. Una vez en posesión de las nuevas armas y reunidos los mirmidones, Aquiles se arroja corriendo por entre las filas enemigas, buscando únicamente a Héctor, y derribando y matando a todo aquel que le sale al paso. Los cantos veinte y veintiuno rebosan de este furor de Aquiles. Los troyanos han huido a refugiarse detrás de las murallas. Sólo Héctor queda fuera. Y frente a él, por fin, Aquiles. Miran los troyanos desde los muros; miran los aqueos desde el campamento, alineados e inmóviles como una muralla de bronce. Y Aquiles mata a Héctor. Trocada su furia en compasión por los ruegos del rey Príamo, Aquiles accede a entregarle el cadáver de su hijo. El canto XXIII celebra los funerales de Patroclo; el último, los funerales de Héctor. El poema termina con este acto de misericordia, en un sentimiento de universal piedad e infelicidad.
Buen trabajo.
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